30 junio, 2006

¿Qué me pasa, doctor?



¿Alguien se acuerda de César?

Hoy he soñado que era mi animal de la fuerza (véase El club de la lucha).


¿Es grave, doctor?

27 junio, 2006

The Mummy Returns (o Cómo ser escatológico)


(Previsible secuela de una primera entrega ya fallida)

Después de semanas y semanas sin tener fin de semana (soy consciente de la paradoja, pero creo que se me entiende igual, ¿no?), este domingo me lo pasé, no literalmente pero no por falta de ganas, rascándome los cojones. No es que estuviera mucho por casa, tampoco, pero ya sabemos cómo es la (mala) educación de la gente últimamente, que todo el mundo se rasca lo que le pica por dondequiera que va. Así que, para no ser menos, me armé de valor y me uní a la causa. Y qué gustito que da.

El viernes por la tarde-noche, como algunos sabrán (y como algunos pocos tuvieron la mala idea de comprobar), junto con mi jefe fuimos a hacer una colaboración en un programa de radio supuestamente cultural llamado L.H.V. que, hablando en plata, estaba a tomar por culo. Llegamos tarde, uno de los presentadores no paró de hacer cagadas históricas en las dos horas que duró el programa, el otro se quedó bastante cerca de afirmar que los catalanes somos la nueva raza aria, pasaron un par de canciones del nuevo CD de Serrat, un tipo habló de Shakespeare como quien habla de sus hemorroides, y a las 21:00 en punto salíamos de la radio con una buena dosis de autoestima nacional en la sangre y, por qué no decirlo, el trasero bastante húmedo.

Luego me fui a casa de un amigo que quedaba cerca de allí y estuvimos hasta las 8 de la mañana repasando toda la discografía de Jethro Tull y desvariando sobre temas varios. Llegamos a las mismas conclusiones que siempre. A las 8:30 estaba saliendo de allí con un petardo en el culo y ojeras austerianas para llegar puntualmente a las 9:00 al Casal. Hablé un rato con mi padre y saludé a Biel telefónicamente (que me contestó con un entusiasta “¡aggaaaah ooh!”), y luego empecé a barajar las opciones habidas y por haber para lo que quedaba de sábado. Hasta las 13 estuve esperando la eterna llamada de M., desde Barcelona. No hubo suerte.
Por la noche yo ya iba medio zombie, pero todavía me quedaron fuerzas para convencecer a L. de que viniera a cenar y trajera alguna buena peli. Me dormí nada más aparecer los créditos de Rocco y sus hermanos, y me perdí la comida china.

Domingo, De Puta Madre: Desayuno, Paseo y Música. Y lectura. Me pulí Washington Square (que me lo regalaron mis padres hará cosa de dos años y todavía no lo había ni ojeado) y empecé con Bearn o La sala de les nines, por recomendación de Q. Siguen en lista de espera: Laura a la ciutat dels sants, Memorias de una joven formal, Els desarrelats y La música de l’atzar, entre muchos otros.

Felicitar a mi hermano por el curso cojonudo que ha hecho, aun a riesgo de que luego me odie por ello y me haga vudú. También a L.Y., que cumplió 20 años el 22 de este mes. Y a mi padre, que cumple 44 (!) el día 1. Y a N., que cumple 26 el día 2. Y a F., que no sé cuántos cumple.

Nos seguimos leyendo por aquí y, si todo va bien, nos vemos las caras en diciembre.

(Guiño privado: ¡sos grosso, man!)


P.D. Me olvidaba: ¡qué tensión el Argentina-México!

23 junio, 2006

The Mummy

Ho sé, ho sé. Feia un munt de setmanes que no escrivia res de collita pròpia.

No tinc perdó de Déu! Us beso els peus, oh, senyors! Us suplico que m’absolgueu de tal aberració, que m’allibereu del pecat, per pietat!

Cof-cof.

Però nois, és que resulta que els dies només tenen 24 hores, contràriament al que jo pensava, i no acabo de donar l’abast amb tot.

La veritat és que no sé ni per on començar. Vaig tenir una fugaç visita de la meva (santa) mare i el meu (beneït*) germà “mitjà” (ho poso entre cometes perquè de mitjà en té ben poc), que en realitat no va ser tan fugaç però que ens va passar volant, diria que a tots tres.

Va estar bé veure totes les diferències culturals que d’entrada els van xocar, perquè m’he adonat que amb el pas del temps un es va oblidant de les seves primeres impressions i acaba assimilant la nova realitat com si sempre hagués format part de la vella. Cal a dir, però, que les anècdotes més tronxants (l’adjectiu “divertides” no les definiria prou bé) van tenir lloc per motius més aviat lingüístics, i és que em vaig oblidar de dir-los que, a més a més del verb “coger”, també hi ha moltes altres paraules corrents que aquí tenen una forta connotació sexual. De totes maneres, no crec que hagués servit de gaire, perquè fins l’últim dia van seguir “cogiendo” tot allò que veien, hehe.

Pel que fa a la feina, continuo treballant massa hores com per poder-me dedicar gaire als estudis, però la meva idea és poder reduir-los una mica el quatrimestre que ve i posar-me les piles amb la carrera.

Des de fa un mes que estic vivint en un altre lloc. M’estic en un pis que em deixa el Casal i que està just a la porta del costat, de manera que em puc permetre el luxe de llevar-me 15 minuts abans d’entrar a treballar. I s’agraeix, sobretot tenint en compte els horaris que faig.
Com que de tant passejar-me amunt i avall amb la casa a l’esquena m’estava començant a agafar complex de cargol, hem decidit amb un amic de la uni que la setmana que ve ens posarem en marxa i buscarem un pis per compartir. Econòmicament ens surt molt millor a tots dos, i la veritat és que jo sola no tinc mai temps d’anar a mirar pisos. De moment en tenim un parell de localitzats, però suposo que acabaran quedant en res. Esperem que sigui ja el trasllat definitiu ­-o, si més no, que pugui sentir que tinc un lloc propi i no que estic fent d’okupa torracollons (i buidar les maletes, que encara les tinc mig plenes!).

Aquests últims 10 dies he estat bastant capficada en una feina extra que vaig agafar de traducció, així que m’he encarregat de fer els subtítols d’un documental que es passarà al Festival Internacional de Cine Lèsbic i Gai de Barcelona i Madrid. Ha estat bastant estressant, més que res perquè els corria molta pressa i no hi havia prou temps material per a fer-ho. La feina en si és molt maca, sobretot si et toca una bona pel·lícula (com ha estat el meu cas), i a més té l’afegit que es cobra en Euros, cosa que em va molt i molt bé.

Quant a pel·lis, lectures i altres... Poc us en puc dir. Llegir he continuat llegint força (La nit de l’oracle, Entre paréntesis, una compilació de contes russos, un parell de relats de Pushkin, etc.), però al cine hi he anat més aviat poc. Vaig poder veure Caché deu fer cosa d’un parell de mesos, i després De latir mi corazón se ha parado mentre tenia la família corrent per aquí. Només puc dir que continuo enamorant-me de les pel·lis del Haneke, i que el director que ja m’havia cautivat dos anys enrere amb Lee mis labios, ho ha tornat a fer en aquesta. De música, gràcies a un amic he descobert Clap Your Hands Say Yeah!, un grup molt recomanable que no tenia ni idea que existís fins que ell no m’ho va dir. Que sapigueu que em moro de pena, per tercer o quart any consecutiu, de no poder anar al FIB. I d’enveja en cas que hi algú de vosaltres ho faci!


To be continued...



* que no beneit!

22 junio, 2006

El suicidio de Gabriel Ferrater

Son incontables los suicidios literarios y algunos conservan aún hoy el resplandor original, el aura de leyenda, el estallido o la implosión que tanto asustó a sus contemporáneos, a aquellos que vivieron el suicidio de cerca, pues el suicida era un amigo o el maestro o un colega al que sólo en ese momento prestaron atención. Hay suicidios que son obras maestras del humor negro, como el el surrealista Jacques Vaché. Hay suicidios que ponen en jaque nuestra noción de cultura, como el de Walter Benjamin, y otros, como el de Hemingway, que más bien parecen trámites de aduana, encuentros largamente diferidos en aeropuertos.

El suicidio de Gabriel Ferrater, uno de los mejores poetas catalanes de la segunda mitad del siglo XX, se encuadra en la categoría de los suicidios cerebrales o concienzudamente premeditados, sin que ello quiera decir, en modo alguno, que Ferrater se pasara la vida acariciando su propio suicidio, de la misma forma que otros poetas acarician su hipertrofiado ego. Al contrario, parece ser que a lo veintitantos años, más cerca de los treinta que de los veinte, Ferrater decidió suicidarse y eligió el año 1972, un año, visto así, tan vulgar como cualquier otro, con la única salvedad de que aquel año él cumpliría cincuenta, una cifra y una edad redondas. Vivir más allá de los cincuenta años, consideró, era, más que una pérdida de tiempo, una claudicación a los bochornos de la edad.

Después ya no pensó más en ello, aunque es probable que en alguna juerga lo comentara con aquellos poetas jóvenes que tanto lo querían, como Barral y Gil de Biedma. Mientras llegaba aquella fecha fatídica, pero aún lejanísima, se dedicó en cuerpo y alma a leer, a traducir (Kafka, Chomsky), a follar, a beber, a viajar, a visitar museos, a atravesar en moto Barcelona, de arriba abajo, con litros de whisky en la sangre, a cultivar la amistad, a enamorarse de mujeres extrañísimas. Las fotos que tenemos de él nos muestran a un tipo en general bien parecido, a veces con un aire de actor de cine, el pelo blanco, gafas negras, suéter de cuello alto, las facciones duras e inteligentes, los labios con una ligera –y más que suficiente- inclinación sardónica, unos labios que debieron de ser temidos en su época.

Libros de poemas escribió pocos. Si la memoria no me engaña, tres. Todos irrepetibles. En cualquier caso Ferrater vivió su vida –y escribió sus poemas- como un romano. Cuando por fin llegó el año 1972 y a los cincuenta años de su vida, en Sant Cugat del Vallès, un pueblito cercano a Barcelona, cumplió su destino y se suicidó. A nadie le pareció anormal.


Robeto Bolaño

14 junio, 2006

Los endemoniados

"He pensado que algún día me llevarías a un lugar habitado por una araña del tamaño de un hombre y que pasaríamos toda la vida mirándola, aterrados."

08 junio, 2006

El retrato de Dorian Gray

"Lord Henry Wotton: No existe aquello llamado buena influencia, señor Gray. Todas las influencias son inmorales-inmorales desde el punto de vista científico.
Dorian Gray: ¿Por qué?
Lord Henry Wotton: Porque influenciar a una persona es darle nuestra propia alma. Esta no tendrá sus propios pensamientos, y se incendiará con sus propias pasiones. Sus virtudes no serán reales, sus pecados, si existen los pecados, serán prestados. Se convierte en el eco de la música de otro, el actor de una parte que no ha sido escrita para él. El objetivo de la vida es el desarrollo de su propio yo. Encontrar su naturaleza apropiada, es esto por lo que cada uno de nosotros estamos aquí. El mundo tiene miedo de sí mismo, se han olvidado de la mayor de todas las obligaciones, la propia. Claro que son caritativos, alimentan al hambriento, y visten a los mendigos. Pero su propio ser está famélico y desnudo. La valentía huyó de nuestra raza. Tal vez nunca la tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión, estas son las dos cosas que nos gobiernan. Y sin embargo... Sin embargo, creo que si un hombre viviera su vida completamente y hasta el límite, si le diera forma a cada sentimiento, expresión a cada pensamiento, realidad a cada sueño. El mundo alcanzaría un impulso tan fresco de alegría que olvidaríamos lo malo de la mediocridad, y regresaríamos a la época helénica ideal, a algo más dulce, más rico, que el ideal helénico. Pero hasta el hombre más valiente tiene miedo de sí mismo...Se ha dicho que los mayores acontecimientos del mundo suceden en nuestro cerebro. Es en el cerebro, y sólo en él, donde los grandes pecados del mundo suceden. Usted señor Gray, usted mismo, con su sonrosada juventud y blanca adolescencia, ha tenido pasiones que le asustaron, pensamientos que le llenaron de terror, sueños estando despierto y dormido cuyos recuerdos podrían manchar sus mejillas de vergüenza.
(...)
Se frotó los ojos, y se acercó al cuadro y lo examinó de nuevo. No había señales de cambio alguno cuando miró la pintura, y sin embargo no quedaba duda que la expresión se había alterado. No era sólo su propia impresión. Era horriblemente obvio. Se lanzó sobre la silla, y empezó a pensar. De repente pasó por su mente lo que había dicho en el estudio de Basil Hallward el día que el cuadro fue terminado. Lo recordaba perfectamente. Pronunció un deseo enfermizo de que él pudiera permanecer joven, y que el cuadro envejeciera; que su hermosura permaneciera inalterada, y que su rostro en la tela soportara la carga de sus pasiones y pecados; que la imagen pintada se marchitara con las líneas del sufrimiento y el pensamiento, y que él mantuviera la flor y el encanto casi consciente de su adolescencia. Con seguridad su deseo no se había cumplido? Esas cosas son imposibles. Era monstruoso sólo pensar en aquello. Y sin embargo, ahí estaba el cuadro frente a él, con un toque de crueldad en la boca."


Oscar Wilde

02 junio, 2006

El mundo de ayer

"De entre todas aquellas personas, las más dignas de lástima para mí (como si ya me hubiera asaltado un presentimiento de mi futuro destino) eran las que no tenían patria o, peor aún, las que, en lugar de una patria, tenían dos o tres y no sabían a cuál pertenecían. Por ejemplo, en un rincón del café Odeon se sentaba, a menudo solo, un joven que llevaba una barbita de color castaño y unas gafas ostentosamente gruesas ante unos penetrantes ojos oscuros; me dijeron que era un escritor inglés de gran talento. Cuando, al cabo de unos días, trabé conocimiento con James Joyce, rechazó rotundamente cualquier relación con Inglaterra. Era irlandés. Cierto que escribía en inglés, pero no pensaba ni quería pensar en inglés. Me dijo:
- Quisiera una lengua que estuviera por encima de las lenguas, una lengua a la que sirvieran todas las demás. No puedo expresarme del todo en inglés sin incluirme en una tradición.
No lo comprendí muy bien, porque no sabía que entonces ya estaba escribiendo su Ulises; sólo me había prestado su libro Retrato de un artista adolescente, el único ejemplar que tenía, y su pequeño drama, Exiles, que yo precisamente quería traducir para ayudarlo. Cuanto más lo conocía, más admiraba su fantástico conocimiento de lenguas; tras aquella frente redondeada, moldeada a martillazos y que brillaba como porcelana bajo la luz eléctrica, estaban estampados todos los vocablos de todos los idiomas y él jugaba con ellos y los mezclaba de una manera brillantísima. En cierta ocasión me preguntó cómo traduciría al alemán una frase difícil de Retrato del artista y juntos probamos la solución en italiano y en francés; él tenía preparadas para cada palabra cuatro o cinco traducciones en cada lengua, incluso dialectales, y sabía su valor y peso hasta el último matiz. Pocas veces lo abandonaba una cierta amargura, pero creo que en el fondo era esa irritación la fuerza interior que lo volvía vehemente y creativo. El resentimiento contra Dublín, contra Inglaterra y contra ciertas personas había adoptado en él la forma de una energía dinámica que sólo se liberaba en la obra literaria. Pero él parecía amar esa dureza suya; nunca lo vi reír ni de buen humor. Daba siempre la impresión de una fuerza oscura concentrada en ella misma y, cuando lo veía por la calle, con los delgados labios estrechamente apretados y caminando siempre con pasos apresurados, como si se dirigiera a algún lugar determinado, me daba cuenta de la actitud defensiva y del aislamiento interior de su carácter mucho más que en nuestras conversaciones. Por eso después no me sorprendió en absoluto que fuera precisamente él quien escribiese la obra más solitaria, la menos ligada a todo y que se abatió sobre nuestra época como un meteoro."


Stefan Zweig
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