Tócala otra vez, Sam

Sueños de un seductor -del título original Play it again, Sam, en referencia a la ya mítica frase del guión de Casablanca (que en realidad no es literal, pero eso ya es otro tema)- cuenta la historia de Allan (perfectamente interpretado por su casi homónimo alter ego Woody Allen), un joven introvertido y neurótico que roza la treintena y al que acaba de abandonar su mujer. En esta película ya vemos la obsesión de Allen por el psicoanálisis (en este caso, tanto el protagonista como Linda, interpretada por Diane Keaton, parecen sufrir una especie de adicción a sus respectivos psiquiatras, excentricidad que sin duda los acercará aún más); el sexo, objeto de bromas y motivo principal de la mayoría de las frustraciones del personaje principal, así como indicador del clímax de la relación entre Allan y Linda; el cine, hasta el punto de que el protagonista tendrá como asesor de citas a una alucinación de Bogart, sin olvidarnos del continuo homenaje que rinde a Casablanca durante todo el film; y el absurdo, empezando por la secuencia en que Allan habla simultáneamente con Linda y con la visión de Bogart, pasando por su torpeza totalmente desmesurada, así como por varios de los diálogos, y acabando por la escena en la que Allan regresa de su encuentro amoroso con Linda y tira, de una palmadita amistosa, a un hombre que estaba sentado en una barandilla -lo absurdo aquí no es sólo el humor visual, sino el hecho de que minutos después le acecha la culpabilidad por haberse enamorado de la mujer de su mejor amigo y, en cambio, ni se llega a dar cuenta de que, a causa de su "felicidad contagiosa", acaba de matar a un hombre (incluso en eso es torpe).
Altamente recomendable a todos los entusiastas del Woody Allen de los primeros tiempos.


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